Lunes 31 de Julio de 2006 - Lunes de la decimoseptima semana
del tiempo litúrgico ordinario |
BIBLIA:
MATEO 13, 31-35
HOMILÍA: A través de las parábolas
y mediante comparaciones Jesús nos va dando a conocer
las leyes de crecimiento del Reino de Dios.
Una semilla, la más pequeña, y un poco de levadura.
Así comienza y así crece el Reino de Dios en
este mundo.
Siempre existe la tentación de pensar en comienzos
grandiosos y crecimiento espectacular.
La pequeñez de los comienzos podría muy bien
expresarse en los términos evangélicos de humildad
y pobreza.
Pero estas consignas de Jesús no deben eximirnos de
poner de nuestra parte todo, absolutamente todo, para que
las cosas salgan bien. No podemos maquillar el “más
o menos” con el disfraz de la pobreza y de la humildad.
Eso sí, significan renunciar a pensar que el éxito
en las cosas del Reino se deba leer en la clave del éxito
de las cosas del mundo y mucho menos del príncipe de
este mundo.
Tenemos que trabajar pensando siempre que todo lo que imaginemos
y proyectemos, por mucho que sea, sólo será
válido cuando se transforme en “ese pequeño
grano de mostaza”.
Que nuestros esfuerzos serán siempre levadura desaparecida
e invisible en la masa, pero segura de que el proceso de fermentación
está en marcha.
HOMILÍA:
Jesús, a través de las parábolas, continúa
presentando un visión optimista del reino de Dios.
Cuanto viene anunciado se asemeja a una pequeña semilla
y tiene como destino un glorioso crecimiento. Se transformará
en un árbol del cual dice el libro del Deuteronomio
“su altitud alcanzará el cielo y será
visible hasta las extremidades de la tierra...y en sus ramas
vivirán los pájaros del cielo”. También
se lo puede comparar a un poco de levadura. El anuncio del
reino es como esconder un poco de levadura en la masa de los
hombres. La levadura, aunque sea poca, hace sentir en todas
partes su presencia, es una fuerza que transformará
al mundo. El optimismo de Jesús es evidente.
Y el evangelista reflexionado sobre este modo de hablar de
Jesús ve realizarse todo lo que ha dicho un profeta,
que en este caso es un salmista. El salmo elegido, el 78,
en este caso es significativo. El autor, en efecto, se propone
hablar en parábolas para revelar ciertos aspectos del
pasado a fin de que los hijos, meditando sobre la conducta
de los padres, no sean como ellos “una generación
obstinada y rebelde, generación de un corazón
inconstante e infiel a Dios. La bondad de Jesús va
más allá, porque a un pueblo de oídos
endurecidos y ojos cerrados, busca anunciarle las “cosas
escondidas desde que el mundo ha sido fundado”, es decir,
los misterios de reino de Dios, la voluntad salvífica
del Padre. En el modo de actuar de Jesús cada uno de
sus discípulos que se siente anunciador del reino,
encuentra una línea de conducta hecha de optimismo
y de una esperanza que no engaña.
Martes 1 de Agosto de 2006 - Martes de la decimoseptima
semana del tiempo litúrgico ordinario |
BIBLIA: MATEO 13-36-43
HOMILÍA: Vemos en el evangelio de hoy a los
discípulos acercarse a solas a Jesús para pedirle
una explicación de la parábola de la cizaña.
No sabemos si ellos se harían los mismos cuestionamientos
que nosotros con respecto al tema planteado por la parábola:
¿cuál es el origen del mal en el universo, y
no sólo el mal moral, sino de todos los males.
La respuesta de Jesús es clara: no fue así desde
el principio. El Creador sembró la buena semilla en
el universo. Por eso dirá el Génesis a cada
paso dado por el artífice en la monumental obra de
la creación: “y vio Dios que era bueno”.
No sabemos el por qué de la actitud permisiva del buen
sembrador, pero de noche, el Maligno arrojó en el campo
la cizaña.
Y desde entonces hay un principio nuevo y corruptor actuando
en la historia de la Humanidad.
Podemos resistirnos a creer en la existencia del Maligno,
pero será una constante histórica la irrefutabilidad
de sus obras. Cuando tocamos a fondo en la Maldad, hay un
plus que desborda todas las causas naturales.
No alcanza la complicidad del hombre para explicar tanto Horror.
La maldad en su nivel globalizante escapa al control de los
individuos y sólo tiene su explicación en el
príncipe de este mundo, el gran titiritero de la única
gran tragedia de la historia.
Pero frente a esta realidad ¿cuál deberá
ser la conducta de los hijos de la luz?
Lejos de llenarnos de ira frente al mal y dar una violenta
respuesta masiva, hay que imitar la paciente espera del dueño
del sembrado.
Sentarnos frente al misterio de la libertad del otro, esperando
opciones dignas de los hijos del reino.
Pero no es pasividad. La consigna es, al mismo tiempo que
mantenernos despiertos para discernir el hilo dorado del Maligno,
a fin de no caer en sus lazos, una lucha sin cuartel contra
el mal, denunciando su presencia, para evitar que se instale
en las estructuras globalizantes de este mundo y lleguemos
a la inextirpable globalización del mal.
Miercoles 2 de Agosto de 2006 - Miercoles de la decimoseptima
semana del tiempo litúrgico ordinario |
BIBLIA: MATEO 13, 44-46
HOMILÍA: Estas dos parábolas de Jesús
están dirigidas, de un modo particular, a sus discípulos.
Jesús les habla en ellas del Reino de Dios.
Lo compara a un tesoro escondido que alguien encuentra
por casualidad, o bien a una perla preciosa muy difícil
de reconocer por estar mezclada con otras perlas de fantasía.
Aquí se requiere experiencia. Es cosa de gente
que entienda mucho de esto. Pero quien la encuentra actúa
desde entonces de una manera extraña a los ojos
de los demás. Se desprende de todo lo que tiene
para posesionarse de ese tesoro, por adueñarse
de esa perla preciosa.
Toda la enseñanza de Jesús está condensada
aquí. A quien le es dado conocer el misterio del
Reino de Dios y comprende su inmenso valor, debe estar
dispuesto a una opción radical para ser partícipe
del Reino que se está construyendo desde este mundo
y que debe ser poseído para siempre. Es necesario
estar preparado a hacer cualquier sacrificio con tal de
no perderlo.
Esta opción no se hace una sola vez para siempre;
es una opción que debe renovarse cada día.
Exige una lucha continua porque los “hijos de la
luz” y los “hijos de las tinieblas”
estarán siempre juntos hasta el día del
juicio. No hay que dejarse nunca vencer por el mal.
Jueves 3 de Agosto de 2006 - Jueves de la decimoseptima
semana del tiempo litúrgico ordinario |
BIBLIA: MATEO 13,47-53
HOMILÍA: La parábola de hoy resulta parecida
a la de la cizaña. Esta vez, la comparación
está sacada no del trabajo del campo, sino de la pesca
en el lago.
Jesús compara su Reino - por tanto, su Iglesia –
a una red que los pescadores recogen con peces buenos y malos,
la llevan a la orilla tal como está, sin preocuparse,
por el momento, de separarlos. Eso ya vendrá después,
cuando llegue la hora de separar los buenos y los malos, el
día de la selección, al igual que el día
de la siega para separar la cizaña y el trigo.
De nuevo Jesús parece insistir en quitarnos la idea
de una Iglesia pura. Por el Bautismo hemos entrado en la comunidad
de Jesús muchas personas. Pero no tenemos que creer
que es comunidad de perfectos, sino también de pecadores.
El mismo Jesús trata con los pecadores, les dirige
su palabra, les da tiempo, les invita, no les obliga a la
conversión o a seguirle.
También hoy en la Iglesia coexisten trigo y cizaña,
peces buenos y malos. Es una comunidad universal. Jesús
se esfuerza por decirnos que, si alguna oveja se descarría,
hay que intentar recuperarla, y, cuando vuelve, la alegría
de Dios es inmensa cuando logra reconducirla al redil. Y que
no ha venido para los justos, sino para los pecadores. Como
el médico está para los enfermos, y no para
los sanos.
¿Cuál es nuestra actitud ante las personas que
nos parecen débiles y pecadoras? ¿ante la situación
de un mundo desorientado? ¿les damos un margen de rehabilitación?
¿o nos portamos tan drásticamente como los que
querían arrancar en seguida la cizaña?
Viernes 4 de Agosto de 2006 - Viernes de la decimoseptima
semana del tiempo litúrgico ordinario |
BIBLIA:
MATEO 13, 54-58
HOMILÍA: El evangelio de hoy nos muestra el
rechazo que sufre Jesús, en la ciudad donde él
ha pasado casi toda su vida, por parte de la gente de ahí,
que lo conocía desde chico.
Ninguno de ellos puede negar la sabiduría que demuestran
sus enseñanzas, ni tampoco los milagros que hace, pero
se resisten a creer que un hombre como Jesús, perteneciente
a una humilde familia del lugar y que se ha ganado la vida
durante muchísimos años trabajando con sus propias
manos, pueda ser en verdad el Mesías, el Salvador.
No quieren creer que el pobre obrero de Nazaret sea el enviado
de Dios para salvarlos.
Jesús se da cuenta que su destino será el de
todos los profetas de Israel: no ser escuchado, sino por el
contrario, ser perseguido a muerte.
También nosotros deberemos hacer nuestra opción,
a favor o en contra de Jesús y para eso profundizar
las motivaciones de nuestra propia fe.
También deberemos estar dispuestos siempre a soportar
nuestra cuota de sufrimientos por creer y seguir a Jesús.
Sabado 5 de Agosto de 2006 - Sabado de la decimoseptima
semana del tiempo litúrgico ordinario |
BIBLIA:
MATEO 14,1-12
HOMILÍA: Durante esta semana nos hemos ido encontrando
con diversas enseñanzas de Jesús acerca del
Reino de Dios, a través de distintas parábolas
y comparaciones.
El evangelio de hoy nos ofrece una lección más
acerca del Reino, pero ya no en la ficción de una parábola,
sino con acontecimientos reales, con la historia viva.
Juan Bautista, el más grande de los profetas, se pudre
en la cárcel a merced de los caprichos del rey Herodes,
un tirano déspota y corrupto. Ha sido encarcelado por
cumplir con su misión de denuncia profética.
Jesús ya se ha pronunciado abiertamente contra esa
condena, pero no va más allá. El no organiza
marchas exigiendo la liberación del inocente, ni tampoco
organizará un grupo comando para rescatarlo.
Su pasividad resultará chocante a los partidarios del
Bautista e irán emisarios a plantearle sus dudas acerca
de la llegada efectiva del Reino de Dios.
La respuesta de Jesús es categórica: ya está
presente el Reino de Dios en todo lo que está cumpliendo:
los enfermos son curados, los pobres son evangelizados.
El Reino de Dios no pasa por reivindicaciones revolucionarias
y violentas que lo único que logran hacer es que los
esclavos cambien de tiranos, sino por una lenta transformación
de la sociedad que cambie los corazones de los hombres.
Como le dirá a Pedro en Getsemaní: “guarda
tu espada, ¿o piensas que no puedo recurrir a mi Padre?
El pondría inmediatamente a mi disposición más
de doce legiones de ángeles”.
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